«Aprieta como si cortaras el pis». Es la instrucción que más se repite y una de las que más problemas crea: cortar el chorro de forma habitual interfiere en el vaciado de la vejiga. Sirve como imagen mental una vez, para localizar el músculo. No como ejercicio.
Los ejercicios de suelo pélvico funcionan: hay evidencia sólida de que mejoran o resuelven las pérdidas de orina. Pero funcionan con una técnica correcta y una dosis suficiente, y ahí es donde falla la mayoría. La guía NICE habla de al menos tres meses de entrenamiento supervisado, con ocho contracciones, tres veces al día.
Por qué «hacer Kegels» no siempre funciona
Entre el 30 % y el 50 % de las mujeres que creen estar contrayendo el suelo pélvico están haciendo otra cosa: apretar glúteos, aductores o abdominales, o incluso empujar hacia abajo en lugar de hacia dentro. Empujar es exactamente lo contrario de lo que se busca, y hecho a diario durante meses no es neutro.
Por eso la recomendación no es «haz Kegels», sino entrenamiento supervisado. Alguien tiene que comprobar primero que estás contrayendo lo que crees.
Cómo localizar el músculo, una sola vez
Sentada o tumbada, imagina que sujetas un gas que no quieres dejar escapar y que a la vez subes esa zona hacia dentro, como si la elevaras. Tiene que ser un movimiento hacia arriba y hacia dentro, no un apretón hacia abajo.
Mientras lo haces, pon una mano en el abdomen y otra en un glúteo. Si notas que se tensan, estás usando los músculos equivocados. La cara, la mandíbula y los hombros también deberían quedarse quietos.
Un aviso importante. Cortar el pis a mitad de la micción para «comprobar» que lo haces bien no es un ejercicio y no debe repetirse: puede alterar el vaciado de la vejiga. Como prueba puntual, una vez. Como rutina, no.
La dosis que recomienda la evidencia
NICE, la agencia británica que evalúa la evidencia clínica, recomienda para las pérdidas de orina de esfuerzo un programa de al menos tres meses, con ocho contracciones tres veces al día, supervisado por un profesional.
Dos cosas importan de esa frase, y las dos suelen ignorarse:
- Tres meses. No dos semanas. El músculo tarda en responder, como cualquier otro.
- Supervisado. No es un detalle burocrático: es lo que evita los tres meses entrenando el músculo equivocado.
Fuerza y resistencia no son lo mismo
Un suelo pélvico útil tiene que hacer dos trabajos distintos. Uno rápido: cerrar en décimas de segundo cuando toses, estornudas o saltas. Y otro sostenido: aguantar mientras estás de pie toda la tarde.
Por eso un programa bien hecho combina contracciones mantenidas (unos segundos, con el mismo tiempo de descanso) con contracciones rápidas. Entrenar solo una de las dos deja la mitad del trabajo sin hacer.
Los cuatro errores que anulan el trabajo
- Aguantar la respiración. Si no puedes hablar mientras contraes, estás bloqueando el diafragma y aumentando la presión abdominal. Suelta el aire al contraer.
- No descansar. El descanso entre contracciones es parte del ejercicio, no una pausa opcional. Un músculo que no suelta acaba tan disfuncional como uno que no cierra.
- Hacerlo solo tumbada. Las pérdidas ocurren de pie, andando y saltando. En algún momento hay que entrenar en esas posiciones.
- Entrenar un suelo pélvico que ya está demasiado tenso. Hay mujeres cuyo problema no es falta de fuerza sino exceso de tono. En ellas, más contracciones empeoran el dolor. Esto no se distingue sin valoración.
Cuándo dejar de hacerlo por tu cuenta
Hay situaciones en las que lo sensato es que alguien valore antes de que sigas:
- Llevas dos meses entrenando y no notas absolutamente ningún cambio.
- Tienes dolor al contraer, en las relaciones o al usar tampones.
- Notas un bulto o una sensación de peso en la vagina.
- Has tenido un parto con desgarro de tercer o cuarto grado, o instrumentado.
- Se te escapan también las heces o los gases.
En todos esos casos, seguir apretando a ciegas puede no ayudar y a veces empeora. Si te preguntas qué es lo que los está saboteando, está en lo que le hace daño a tu suelo pélvico; y si quieres saber qué pasa exactamente en una consulta, lo contamos en cómo es una primera valoración. Una valoración de suelo pélvico aclara en una sesión qué está pasando y qué toca entrenar.
¿Los estás haciendo bien?
En la primera valoración comprobamos qué músculo estás activando de verdad y salimos con un plan a tu medida, no con una hoja de ejercicios genérica.
Y si estás embarazada o acabas de parir
En el embarazo, entrenar el suelo pélvico se asocia a menos pérdidas de orina durante la gestación y después del parto. No es un extra: es prevención.
Tras el parto, lo primero no son los ejercicios sino la valoración. Cada posparto es distinto y la recuperación depende de cómo fue el parto, de si hubo desgarro y de cómo está el abdomen. Lo contamos en qué es realmente la cuarentena y en diástasis abdominal.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tardan en hacer efecto los ejercicios de suelo pélvico?
Las guías clínicas hablan de programas de al menos tres meses antes de valorar el resultado. Muchas mujeres notan algún cambio a las cuatro o seis semanas, pero abandonar antes de los tres meses es la causa más frecuente de que «no funcionen».
¿Es verdad que hay que cortar el pis para entrenar?
No. Cortar el chorro sirve como comprobación puntual para localizar el músculo, pero repetirlo como ejercicio puede interferir en el vaciado correcto de la vejiga. No debe usarse como rutina de entrenamiento.
¿Cuántas veces al día hay que hacerlos?
La recomendación de NICE para las pérdidas de esfuerzo es de ocho contracciones tres veces al día, durante un mínimo de tres meses y con supervisión profesional. La pauta concreta se ajusta según la valoración de cada mujer.
¿Puedo hacerlos si tengo dolor?
Si duele al contraer, en las relaciones o al usar tampones, puede que el problema sea exceso de tono y no falta de fuerza. En ese caso más contracciones empeoran los síntomas. Conviene valorar antes de entrenar.
¿Sirven las bolas chinas o los aparatos que se venden por internet?
Pueden tener un papel dentro de un plan, pero no son un punto de partida: si la contracción no es correcta o hay exceso de tono, un dispositivo no lo corrige y puede empeorarlo. Primero la valoración, después la herramienta si hace falta.
Fuentes y lecturas recomendadas
- Dumoulin C, Cacciari LP, Hay-Smith EJC. Pelvic floor muscle training versus no treatment for urinary incontinence in women. Cochrane Database of Systematic Reviews (cochrane.org).
- NICE. Urinary incontinence and pelvic organ prolapse in women: management — entrenamiento supervisado de al menos 3 meses (nice.org.uk).
- NICE NG210. Pelvic floor dysfunction: prevention and non-surgical management (nice.org.uk).
- Contenido elaborado por Andrea Carrillo, fisioterapeuta de suelo pélvico del Centro Maternidad Consciente.